A menudo son los colores vibrantes del maximalismo, los neutros apagados del minimalismo u otro estilo en boga los que se ganan el llamativo calificativo de "hotel de diseño". Sin embargo, al revisar detenidamente los cientos de alojamientos que los inspectores han incorporado recientemente a la selección, nuestro equipo editorial se ha sentido cautivado, una y otra vez, por estéticas que se remontan a siglos atrás.
Los cinco establecimientos que presentamos aquí son nuevas incorporaciones a la selección de la Guía MICHELIN y, en varios casos, también totalmente innovadores. Lo que los une es la manera en que se inspiran en estilos, o incluso en edificios reales, que nos preceden en el tiempo: una mansión mexicana reinterpretada a través de las formas austeras del brutalismo; un ryokan japonés en el que cada vista ha sido cuidadosamente estudiada; un hábitat subterráneo turco envuelto en lujosos tejidos.
Aunque su estética es lo que más llama la atención, no se trata de alojamientos de diseño en el sentido convencional. Para los viajeros, son fantasías históricas atemporales: lugares donde las tendencias pasajeras quedan en segundo plano frente a lo esencial y perdurable. Y, por supuesto, cada uno de ellos es un auténtico placer para la vista.
Tras este preámbulo, lo diremos sin rodeos: estos son algunos de los hoteles más bonitos del mundo.
1. Hotel Sevilla — Mérida, México
De qué se trata: una mansión colonial del siglo XVI en el centro histórico de Mérida, rescatada a través de un enfoque brutalista.La combinación de lo antiguo y lo nuevo es un cliché en la literatura de viajes, pero pocos lugares lo encarnan con tanta precisión como el Hotel Sevilla. Lo primero que llama la atención es su letrero, en letras mayúsculas, que sigue recibiendo a los visitantes con el mismo aire cinematográfico de su etapa a mediados del siglo XX.
La idea de una villa del siglo XVI reinventada como un alojamiento de vanguardia no es nada nueva en México, con su abundancia de mansiones coloniales. Sin embargo, la imaginación desbordante que define al Hotel Sevilla es lo que le asegura un lugar en esta lista. Los diseñadores hablan de un 'palimpsesto' arquitectónico: una intervención que no borra el pasado, sino que lo reinterpreta. Así, estructuras de hormigón brutalista se insertan entre muros centenarios y conectan techos tradicionales de madera mediante una escalera de caracol de estética futurista.
La piscina, una esbelta lámina de agua dividida en dos por un muro inacabado preexistente, es uno de los elementos más destacados del conjunto. Un lado evoca su pasado como antiguo establo, con piedra patinada; el otro, de nueva construcción, con azulejos recién colocados y divanes acolchados, se sitúa plenamente en el presente.
Las habitaciones, como cabría esperar, están cuidadosamente amuebladas, con contrastes bien medidos, como bancos modernos tapizados, en cuero, frente a muros de piedra originales.
2. The One Nanyuan — Xinpu, Taiwán
De qué se trata: en las colinas boscosas de Taiwán, un complejo palaciego inspirado en un pergamino de la dinastía Song.A simple vista, parece antiguo. Sin embargo, The One Nanyuan se construyó originalmente como un refugio rural privado en la década de 1980. El concepto, ideado por el arquitecto taiwanés Han Pao-teh (reconocido por su participación en diversos proyectos de conservación en Taiwán), destaca, más allá de su aspecto majestuoso, por su inspiración: una pintura del siglo XII, del artista Zhao Boju, de la dinastía Song.
La obra representa un elaborado complejo palaciego de salas escalonadas, pabellones y patios, con un paisaje montañoso, envuelto en bruma, como telón de fondo. Para dar forma a lo que acabaría convirtiéndose en The One Nanyuan, Pao-teh eligió como lienzo una ladera boscosa de 21 hectáreas orientada hacia las montañas.
A partir de ahí, incorporó métodos de construcción chinos caracterizados por el uso de estructuras de madera, ladrillo encalado y tejados de tejas curvadas hacia arriba. Para levantar la residencia principal y sus 20 estancias, se ensamblaron más de 800 troncos de ciprés taiwanés mediante juntas de madera, lo que aporta flexibilidad sísmica y refuerza esa estética clásica tan característica.
Inaugurado como hotel en 2008 y seleccionado este año para la Guía, el conjunto invita hoy a los huéspedes a pasear por sus jardines, donde puentes y senderos se han dispuesto cuidadosamente para ofrecer vistas pintorescas a cada paso: primer plano, plano medio y fondo se articulan con la misma delicadeza que las pinceladas de un cuadro.
3. Casa Fuster — Barcelona, España
De qué se trata: uno de los pocos hoteles de Barcelona construidos en el emblemático estilo modernista catalán y, además, hogar de un restaurante con dos Estrellas MICHELIN, Aleia.Los turistas acuden en masa a Barcelona año tras año, atraídos en gran medida por la arquitectura modernista de la ciudad, impregnada de historia y de una creatividad que floreció a principios del siglo XX. Mientras que otros maestros del Art Nouveau de la época rechazaban el neogótico, arquitectos catalanes, como el célebre Antoni Gaudí, lo abrazaron, plasmando su orgullo por Barcelona a través de formas audaces y asimétricas, así como en exuberantes detalles decorativos. El resultado es uno de los movimientos arquitectónicos más fascinantes del mundo; y también uno de los más accesibles para el gran público.
La Casa Fuster no es un edificio de Gaudí. Pero el hecho de que la construyera Lluís Domènech i Montaner, considerado uno de los padres del Modernismo, no le resta méritos. Imagínate retirarte a descansar y recorrer esta obra maestra, donde las columnas de piedra rosada se combinan con ventanas trilobuladas, balcones de hierro forjado y torretas de remate esférico.
Aunque las habitaciones presentan hoy un estilo más moderno, rinden homenaje a la historia con detalles del siglo XX, como cortinas de terciopelo y suelos de parqué. A pie de calle, el Café Vienés (que en su día fue un lugar de reunión para los intelectuales de la ciudad y que ahora es un club de jazz) conserva sus techos abovedados y sus vistas al bulevar más emblemático de Barcelona: el Passeig de Gràcia. En la primera planta, un luminoso y elegante comedor, sirve de escenario a los platos de “alma andaluza y esencia catalana” de Aleia (dos Estrellas MICHELIN).
4. Signature Cave Cappadocia — Nevşehir, Turquía
De qué se trata: en uno de los pueblos más tranquilos de Capadocia, un refugio de reciente inauguración con un estilo verdaderamente ancestral.La región turca de Capadocia, con sus sinuosas formaciones rocosas y su tierra maleable, ha convertido los hoteles cueva en una auténtica forma de arte. Sin embargo, dado que la mayoría de los alojamientos de este tipo aprovechan estructuras antiguas en esta zona natural protegida, resulta extremadamente raro encontrar un establecimiento completamente nuevo.
Signature Cave Cappadocia abrió sus puertas en 2025 y, como cabe esperar de los hoteles en cueva de esta categoría, sus habitaciones reinventan por completo la percepción de la vida subterránea. En el interior, los espacios son acogedores, con techos abovedados naturales y chimeneas funcionales, talladas directamente en la roca.
Algunas suites integran bañeras de hidromasaje y hammams privados (un guiño a siglos de tradición del baño otomano), mientras que los pasillos excavados en la ladera se abren a terrazas con vistas a las emblemáticas formaciones rocosas del valle.
Gracias a que las cavernas mantienen de forma natural una temperatura estable, el uso del aire acondicionado resulta poco habitual, pero es agradable saber que se dispone de todas las comodidades habituales de un hotel.
Los tapones para los oídos son prácticamente innecesarios: la densa roca volcánica absorbe cualquier ruido exterior, incluido el más leve indicio de los famosos globos aerostáticos que despegan antes del amanecer.
5. Kohanyu — Kami, Japón
De qué se trata: un refugio de cuatro habitaciones junto al río, en la prefectura de Kochi, diseñado para sintonizar los sentidos con el ritmo de la naturaleza.Algunos hoteles presumen de sus vistas; otros, de su diseño técnico. Kohanyu, un retiro a orillas del río en la prefectura de Kochi, domina ambos aspectos. Mientras otros alojamientos apuestan por grandes ventanales para ofrecer amplias panorámicas, Kohanyu pone el acento en la cuidadosa composición de las vistas, enmarcando un único árbol o un fragmento de cielo.
Los acabados insonorizantes mantienen un interior sereno, permitiendo que el canto de los pájaros y el susurro de las hojas dominen la banda sonora.
La destreza técnica del establecimiento, tan discreta como precisa, responde a la filosofía satoyama, de siglos de antigüedad, que promueve una convivencia armoniosa entre las personas y la naturaleza. Ese equilibrio se logra con especial acierto en un hotel de escala íntima, donde las cuatro habitaciones se orientan hacia el río mientras que los baños termales privados y las terrazas se alinean para captar los reflejos del bosque.
Como en el resto de la propiedad, la experiencia del onsen está cuidadosamente coreografiada: comienza en un pasillo en penumbra, donde la luz y la temperatura alcanzan su punto más bajo, y avanza hacia la suave estela de vapor que se eleva de la zona de baños. Las comidas en el restaurante del hotel siguen la misma lógica, con una acústica calibrada para que la música tenue se funda con la sinfonía de la naturaleza.
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Imagen principal: Hotel Sevilla, una mansión del siglo XVI restaurada en el centro de Mérida, México. © Hotel Sevilla