El frío. ¡Ay, el frío! Para unos, una pesadilla; para otros, una bendición. Las islas Canarias, con temperaturas de eterna primavera, serán la salvación de los primeros; los destinos de nieve o las ciudades repletas de estímulos culturales y gastronómicos en estas fechas, el sueño invernal de otros.
Para todos, diciembre llega cargado de puentes, fiestas y excusas para celebrar de un modo más íntimo, más silencioso y, a menudo, más sabroso. Es el momento de hacer un parón, quizá de retomar la ilusión de la playa, quizá de calentar el cuerpo tras una jornada de esquí con un buen guiso, o de vestirse de gala y disfrutar de un menú de altura para ponerle un lazo a una ocasión especial. En cualquier caso, es una época ideal para planear una escapada de invierno.
Estas cuatro sugerencias invitan a cambiar de página con hoteles con personalidad, paisajes serenos (o festivamente bulliciosos) y mesas que animan a detener el tiempo y a saborear cuchara a cuchara.
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1. Canfranc (Pirineo aragonés): guisos, paisajes e historias con mucho fondo
Cuando hablamos de un ‘hotel destino’ nos referimos a un edificio, una localización o unos servicios con tanto atractivo que justifican por sí solos un viaje. Ese es exactamente el caso del Canfranc Estación, a Royal Hideaway Hotel, que no tiene una, sino las tres cosas: ocupa la histórica Estación Internacional de Canfranc, tiene como telón de fondo el Pirineo aragonés y ofrece todos los servicios de un gran alojamiento de lujo. No en vano está reconocido con dos Llaves MICHELIN.Durante la temporada de esquí en las estaciones cercanas, es el momento de dejar que la adrenalina se deslice por las pistas más antiguas de España, las de Candanchú —abiertas en 1928, el mismo año en que Alfonso XIII inauguró la estación de Canfranc—, muy próximas a las de Astún. Pero a estos parajes no se viene solo para disfrutar del deporte blanco, sino también a explorar la naturaleza con rutas de raquetas de nieve, a recorrer su entorno histórico o, por supuesto, a alargar la jornada con tardes de après-ski.
Otro de los mejores planes en la zona es hacer una ruta gastronómica que empiece por el Canfranc Express, el restaurante con una Estrella MICHELIN del hotel homónimo, ubicado en un antiguo vagón rehabilitado, donde se sirve exclusivamente un menú degustación. Allí, Eduardo Salanova reinterpreta la cocina aragonesa tradicional con técnicas modernas e influencias de la vecina Francia. La experiencia es total: un viaje culinario que también evoca aquella época, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la antigua estación era el principio o el final de historias, traiciones y alianzas.
Junto a otra de las estaciones de esquí más exclusivas de España, Formigal, se encuentra otro de los restaurantes de más altura de la zona. A cargo de Diego Herrero, Vidocq trabaja con un único menú de temporada que, partiendo del recetario aragonés y de los productos de alta montaña, explora la gastronomía asiática, en especial la tailandesa.
2. Madrid: compras, musicales y alta gastronomía
Cuando llega diciembre, Madrid se puede convertir en una carrera de obstáculos para los madrileños que van a trabajar cada mañana o apuran las compras de última hora; pero el final del año es también uno de los momentos más especiales y entrañables en la capital. El mejor para vivirla con intensidad y recorrer sus calles, con mercados y escaparates vestidos de gala, envueltos en una irresistible amalgama de alegres sonidos, irresistibles aromas y vibrantes colores. Eso que algunos llaman ‘la magia de la Navidad’.Una vez rendidos a sus encantos, si se quiere sacar todo el partido a la ocasión, hay que hacerlo desde el propio centro de la ciudad y, mejor aún, desde el Mandarin Oriental Ritz, su hotel de lujo por excelencia, a pocos minutos del Paseo del Prado, de la Milla de Oro y de todos los grandes museos, musicales y tiendas de Madrid. Más allá del restaurante insignia del alojamiento, Deessa —con dos Estrellas MICHELIN y donde Quique Dacosta, junto al chef residente Domenico Vildacci, bordan una cocina mediterránea—, el resto de sus espacios funcionan a la perfección en cualquier momento del día: para un té, para una copa de champán o para dormir y despertar en un escenario palaciego.
La variedad y calidad gastronómica de Madrid parecen no agotarse nunca, igual que las ocasiones para disfrutarla. La ciudad concentra grandes templos culinarios como, por citar solo algunos ejemplos, DiverXO, la icónica casa de Dabiz Muñoz —con tres Estrellas MICHELIN—, o Smoked Room —con dos Estrellas MICHELIN—, con su cocina de humo que exalta la materia prima. También alberga lugares donde probar el mejor pescado, como en Desde 1911; conocer otras culturas gastronómicas, como en Ticuí o en el nuevo EMi —con su reciente y flamante Estrella MICHELIN—; disfrutar de la cocina de confort con unos asados hechos a leña de encina en el horno centenario de El Pedrusco de Aldealcorvo; o de un buen plato de setas en El Brote, tan apetecibles en estas fechas.
3. Gran Canaria: poner en pausa el invierno
Pensada especialmente para quienes se resisten a guardar las chanclas y el bikini, y prefieren darse un baño (aunque fresco) en pleno diciembre que cobijarse frente a la chimenea, va nuestra propuesta: viajar a Canarias, concretamente a Gran Canaria. Con temperaturas medias de entre 17 y 22 °C, escapar a la isla puede ser el verdadero paréntesis al invierno peninsular para disfrutar tanto de playas y montañas paradisíacas como de pueblos o yacimientos arqueológicos llenos de carácter.En Las Palmas, en la zona residencial de Ciudad Jardín y frente al puerto deportivo, el Santa Catalina, a Royal Hideaway Hotel (una Llave MICHELIN) es un alojamiento decimonónico cargado de encanto, historia y grandes servicios, donde se han hospedado personajes como Winston Churchill o Maria Callas durante su visita a la ciudad.
No hace falta moverse mucho para encontrar una gastronomía excelente. Basta con bajar al restaurante del hotel, el Poemas by Hermanos Padrón (una Estrella MICHELIN), donde los chefs Juan Carlos y Jonathan—pioneros en situar la cocina canaria en el lugar que merece—, junto al chef residente Adrián García, apuestan por platos muy creativos y, a la vez, profundamente ligados al territorio y a la materia prima local. Del excelente pescado de la zona se surte también Hikari Japanese Roots, un pequeño y joven local donde el chef David Rivero sirve un menú Omakase a menos de una decena de comensales.
Las excursiones por el interior de la isla, las rutas de senderismo y las visitas a pueblos tradicionales pueden ser una buena excusa para seguir explorando tanto el patrimonio cultural como su oferta gastronómica. ¿Un par de ejemplos? Conocer la singular catedral de Arucas para después comer un cabrito, cualquier corte de carne a la parrilla, o incluso un bacalao, en Casa Brito; o acercarse a los cafetales del Valle de Agaete —los únicos en Europa—, y reservar en Casa Romántica, donde casi todo está elaborado con productos de su propia finca.
4. Cantabria: acantilados, palacios históricos y todo el sabor del mar
Hay destinos de mar que pierden parte de su atractivo en invierno. No es el caso de Santander, una ciudad a la que los días nublosos o de lluvia le sientan bien a su elegante bahía, sus palacios y su carácter marítimo de grandes pescadores. Por eso, aunque haya que apretarse la bufanda y empuñar el paraguas, siempre es buena idea darse una vuelta por allí y rendirse a la triada de sus encantos: su cultura, sus paisajes costeros y su alta gastronomía.Muy cerca de la Santander, rodeado del idílico entorno de los Valles Pasiegos, el Helguera Palacio Boutique & Antique —con una Llave MICHELIN— es un hotel anticuario ubicado en un palacio del siglo XVII restaurado y rodeado de jardines. Cuenta con apenas once habitaciones —todas distintas—, llenas de muebles y objetos cargados de recuerdos.
Para no abandonar la sofisticación de los edificios históricos, se puede continuar con una comida en el restaurante gourmet por excelencia de Cantabria: Cenador de Amós, también en las proximidades de la ciudad, ubicado en la Casa-Palacio Mazarrasa del siglo XVIII y distinguido con tres Estrellas MICHELIN. Allí, Jesús Sánchez sorprende cada día con su menú Desde La Raíz que, como su nombre adelanta, es un canto a la tierra desde una visión contemporánea. También en una construcción con pasado, esta vez en una casona indiana de Santander, se encuentra la Casona del Judío, con una Estrella MICHELIN, donde el chef Sergio Bastard fusiona tradición y creatividad con productos locales y los sabrosísimos pescados del Cantábrico.
Para hacer la digestión con vistas al mar: un paseo por el Centro Botín, obra de Renzo Piano, o por el Palacio de la Magdalena. Y si hay fuerzas (o remordimientos), merece la pena una caminata costera por los senderos del Cabo Mayor y sus acantilados.
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Imagen de cabecera: la histórica Estación de Canfranc, reconvertida en hotel de lujo con dos Llaves MICHELIN. © Canfranc Express